El diseñador Alberto Di Martino cuenta el proyecto de los espacios de trabajo en los Cantieri Renier de Carini

Existe un hilo sutil, pero reconocible, que atraviesa el trabajo de Alberto Di Martino: la convicción de que el espacio de trabajo no es un marco neutro de la actividad productiva, sino una de sus componentes constitutivas. Diseñador de interiores con una larga experiencia en el sector del mobiliario, Di Martino crea entornos que no se limitan a responder a un programa funcional, sino que lo interpretan, devolviendo a las personas una percepción coherente de la identidad de la organización en la que trabajan. Su investigación se mueve en la intersección entre ergonomía, materialidad y narrativa: cada elección, desde la distribución de los espacios hasta la selección de los materiales, está pensada para producir un efecto preciso en la calidad perceptiva del entorno, sin caer nunca en el decorativismo. En este marco se inscribe el reciente proyecto para los Cantieri Renier de Carini, una referencia en la producción náutica de alta gama.

El proyecto comenzó cuando el edificio aún estaba en fase de diseño. ¿Cómo cambia el método cuando interior y arquitectura se desarrollan simultáneamente?
Desarrollar interior y arquitectura de forma simultánea permite adaptar el espacio al usuario, evitando ajustes forzados a estructuras concebidas para otras funciones. Se obtiene una coherencia total entre continente y contenido gracias a la sinergia con el ingeniero estructural y la dirección de obra. Se negocia la distribución de las instalaciones: integrarlas desde el principio invita a considerar las limitaciones como oportunidades de diseño. Este enfoque permite optimizar los flujos de trabajo en un proyecto complejo como la construcción de una nave industrial y garantiza un resultado en el que cada centímetro responde a una lógica operativa precisa.
La transparencia es aquí una herramienta de proyecto, no una elección estética. ¿Dónde se sitúa el límite entre apertura y separación funcional?
Por lo general prefiero la proporción áurea a la simetría, pero aquí la he utilizado para aportar rigor, aplicando las proporciones del número áureo a los espacios interiores. La transparencia transmite autoridad, mientras que la distribución protege la privacidad de las áreas directivas y de descanso. Para controlar la continuidad visual, he alineado volúmenes e iluminación: la mesa de reuniones y los puestos operativos tienen el mismo tamaño y acabados idénticos. El límite es fluido: el visitante percibe la operatividad del astillero y de las áreas de diseño, pero los flujos permanecen diferenciados y ordenados gracias al uso técnico de paredes de vidrio monolítico.
Para el suelo eligió Prestige Gold Hydro de Skema. ¿Qué hizo que este producto fuera la solución adecuada frente a las alternativas del mercado?
Esta solución fue una elección estratégica para introducir materialidad y calidez en un entorno dominado por el blanco mate, manteniendo el equilibrio del presupuesto. En comparación con el parquet, ofrece alta resistencia y un mantenimiento mínimo; frente al gres efecto madera —que a menudo considero poco auténtico y bastante frío— proporciona una respuesta táctil y visual más natural. En este proyecto era fundamental garantizar resistencia al agua y estabilidad, características solicitadas explícitamente por el cliente para un entorno de trabajo intensivo. El suelo Prestige Gold Hydro permite así combinar estética y prestaciones técnicas, manteniendo una superficie fiable incluso en un contexto operativo como el de los Cantieri Renier.
¿Cuál fue el criterio que guió las decisiones distributivas y materiales?
He puesto en relación el suelo Prestige Gold Hydro de Skema, en el acabado Roble Sole, con paneles de auténtico roble chapado, buscando una correspondencia cromática precisa entre materiales de naturaleza y comportamiento diferentes. La madera sigue una jerarquía funcional: más presente en las áreas representativas, más esencial en las técnicas. El criterio rector es siempre el número áureo: las lamas revisten exactamente un tercio de las superficies verticales donde se colocan. Esta continuidad entre suelo y paredes crea una caja arquitectónica legible y coherente, donde la textura natural del roble suaviza el rigor técnico del entorno y guía la mirada a través de las distintas zonas. Un detalle técnico: he incorporado las juntas de dilatación modificando los perfiles de los tabiques y en los umbrales de las puertas, manteniendo el suelo flotante sin interrupciones visuales antiestéticas, completado con un rodapié blanco minimalista.
¿Qué importancia tiene hoy concebir los espacios de trabajo como sistemas adaptables, capaces de acoger transformaciones futuras sin perder coherencia?
Un proyecto actual debe ser un sistema en evolución, capaz de acoger cambios sin traicionar la idea original. Con el pavimento técnico de Skema, he podido garantizar durabilidad y facilidad de restauración, asegurando una superficie preparada para soportar en el tiempo posibles transformaciones de uso. Mi método sitúa el análisis estratégico en primer lugar: escucho las necesidades reales del cliente para ofrecer soluciones concretas. No elijo mobiliario o materiales para seguir una firma o una marca, sino que selecciono exclusivamente lo necesario para el proyecto, respetando rigurosamente el presupuesto y las necesidades del cliente. El espacio debe ser una herramienta de trabajo que funcione, capaz de adaptarse a nuevas exigencias operativas sin perder coherencia.
